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Blackstone rebaja el riesgo de deuda en la construcción de infraestructura para IA

Blackstone no ve una amenaza sistémica en la deuda que está financiando el despliegue masivo de centros de datos y potencia de cómputo para inteligencia artificial. Jas Khaira, responsable del grupo para estas iniciativas, sostiene que el nerviosismo del mercado es real, pero no equivale a una crisis de crédito como la de 2008.

Ilustración editorial sobre Blackstone rebaja el riesgo de deuda en la construcción de infraestructura para IA
Imagen editorial generada para IA Informer.

La tesis importa porque Blackstone se ha colocado en el centro del auge de la infraestructura para IA: presta capital para centros de datos, invierte en neoclouds y participa en proyectos vinculados a modelos y aplicaciones de frontera. La firma, con 1,3 billones de dólares en activos bajo gestión, ha convertido la financiación del cómputo en una parte visible de su estrategia.

Por qué Blackstone cree que el riesgo está acotado

Khaira defendió que la diferencia con ciclos tecnológicos anteriores es la escala del capital necesario para sostener la IA. Blackstone se presenta como algo más que un fondo de capital riesgo tradicional porque puede ofrecer estructuras flexibles, desde deuda hasta capital, y porque ha ido acumulando una posición relevante como propietario de capacidad de cómputo fuera de los hiperescaladores.

Esa visión se apoya en una idea central: la financiación no descansa solo en activos físicos o en promesas de crecimiento, sino también en contratos con clientes de gran calidad crediticia. Khaira puso como ejemplo que, cuando el comprador es una compañía con balance sólido como Microsoft o Meta, el riesgo se valora en función de esa contraparte. Para Blackstone, esa lógica reduce la probabilidad de que la deuda asociada a los centros de datos se convierta en un problema sistémico.

La compañía también subraya que la mayor parte de los centros de datos se construye para hiperescaladores, es decir, grandes operadores de nube con capacidad financiera muy superior a la de una startup. Bajo esa lectura, el endeudamiento actual no se parece al apalancamiento opaco de otras crisis financieras, sino a una expansión industrial respaldada por clientes con ingresos y demanda comprobables.

Los puntos que sí inquietan al mercado

Eso no significa que no haya tensión. Khaira reconoció que en las últimas semanas han aumentado las dudas sobre la cantidad de deuda acumulada por neoclouds y otros operadores de infraestructura. El contexto tampoco ayuda: en septiembre subieron los tipos, aparecieron señales de inflación más fuerte de lo esperado y los diferenciales de crédito se ampliaron, lo que encarece la financiación incluso para gigantes tecnológicos con balances saneados.

La presión ya se ha dejado notar en el mercado. Las acciones de CoreWeave cayeron con fuerza en los días recientes y Firmus, una compañía australiana de GPU cloud respaldada por Blackstone, canceló su salida a bolsa prevista en Australia. Khaira vinculó ese desenlace a una cuestión de precio: el mercado no estaba dispuesto a pagar la valoración buscada.

Blackstone conoce bien ese tipo de operaciones. Su primera gran apuesta de este perfil llegó en 2023 con CoreWeave, cuando la empresa pidió un préstamo de 2.300 millones de dólares pese a tener entonces unos 30 millones de ingresos y una rentabilidad mínima, según Khaira. El atractivo para el financiador estaba en dos elementos: el valor de las GPU que se ofrecían como garantía y los contratos con clientes grandes como Microsoft. A partir de ahí, ese modelo se convirtió en una referencia para otras rondas de deuda del sector.

Qué dice Blackstone sobre la burbuja de la IA

Khaira intentó rebajar el tono alarmista. Su argumento es que la demanda de cómputo sigue siendo tan alta que el sector continúa necesitando más centros de datos, aunque algunas partes del mercado estén corrigiendo valoraciones. En su opinión, la situación no se parece a una cadena de entidades financieras frágiles, sino a un momento en el que el precio del capital sube mientras la necesidad de infraestructura sigue creciendo.

También admitió que la adopción corporativa de la IA no avanza de forma lineal. Dijo que el retorno existe, pero es desigual, y describió la transición como una evolución en dientes de sierra: primero se construye capacidad, después se acelera el uso y solo entonces se materializa parte del valor esperado. Esa lectura explica por qué algunos inversores ven exceso de oferta de cómputo y otros ven una fase intermedia del ciclo.

Lo que importa para empresas e inversores

La idea de fondo es que la infraestructura de IA ya no depende solo del entusiasmo por los modelos, sino también de la disposición del mercado a financiar una cadena muy intensiva en capital. Si los costes de deuda siguen subiendo, las empresas que dependen de GPU y centros de datos pueden encontrarse con condiciones más duras, incluso aunque la demanda siga presente.

Blackstone, por su parte, apuesta a que esa presión será manejable porque la clientela final es demasiado grande como para desaparecer. La cuestión que queda abierta es hasta qué punto el mercado aceptará seguir financiando esta expansión al precio actual.