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Empiezan a aparecer grietas en el boom del gasto en IA

La fuerte subida del capex de Alphabet, Amazon, Meta y Microsoft para centros de datos y chips de IA está empezando a generar más cautela en el mercado. La preocupación ya no es solo cuánto invierten, sino si esa factura podrá sostenerse sin presionar demasiado la caja, la deuda y el negocio que la financia.

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Un cambio de humor en plena escalada de capex

En las dos últimas semanas, las cuatro grandes tecnológicas han detallado planes de gasto que superan los 740.000 millones de dólares este año en capex, una cifra que el mercado interpreta como inversión en infraestructura de IA: centros de datos, servidores y chips. Durante buena parte del auge de la IA, ese desembolso se leyó como una señal de confianza; ahora, la lectura es más incómoda por el peso de la deuda, el flujo de caja libre negativo y la duda sobre el retorno de esas inversiones.

El cambio de tono se notó con fuerza al cierre de la semana. El Nasdaq cayó un 2,9% y también se castigó a fabricantes de chips como Nvidia, Broadcom y Qualcomm. Alphabet sufrió además una caída del 12% el jueves, su peor sesión registrada, con una pérdida de valor de 500.000 millones de dólares, y volvió a bajar después. El mensaje del mercado es claro: el entusiasmo por la IA sigue vivo, pero ya no basta por sí solo para justificar cualquier volumen de gasto.

Alphabet, el ejemplo más visible

Alphabet es el caso que mejor resume el problema. La matriz de Google reportó un flujo de caja libre negativo de 9.100 millones de dólares en el tercer trimestre, su segundo trimestre consecutivo en rojo, mientras el capex subía a 51.400 millones. La compañía prevé gastar hasta 205.000 millones de dólares este año y espera que esa cifra siga creciendo en 2027.

La presión no viene solo por el tamaño de la inversión, sino por el riesgo de que la propia IA debilite el negocio que la financia. Google AI Mode, la función de búsqueda con IA integrada en Search, está absorbiendo uso y complica la economía del buscador. La publicidad de búsqueda, que representa aproximadamente la mitad de los ingresos de Alphabet, desaceleró su crecimiento al 12%, el ritmo más flojo en cinco trimestres. La compañía se enfrenta así a una tensión delicada: gastar miles de millones en IA para no quedarse atrás, aunque esa misma IA pueda erosionar el negocio principal que sostiene la factura.

Amazon y Meta también notan la presión

Amazon atraviesa un escenario parecido. La compañía comunicó un flujo de caja libre negativo de 42.400 millones de dólares en los últimos 12 meses, frente a 14.800 millones positivos un año antes. Su plan de capex asciende a 220.000 millones este año, aunque AWS siga creciendo con fuerza, un 39% en ingresos. Aun así, la acción cayó un 7% tras sus resultados.

Meta, por su parte, registró un flujo de caja libre negativo de 2.100 millones en el tercer trimestre y guía hasta 145.000 millones de dólares en capex para el conjunto del año. La compañía admite que Muse, su nuevo agente personal de IA gratuito, consume muchos recursos para funcionar. Pese a que la publicidad creció un 26%, el mercado castigó igualmente a la empresa con una caída cercana al 10% en la semana.

Microsoft aparece como la excepción parcial. Fue la única de las cuatro que cerró el trimestre con flujo de caja libre positivo, 18.600 millones de dólares, y gastó 45.200 millones en capex, por debajo de los 50.000 millones que había proyectado. La empresa atribuyó esa diferencia a retrasos de capacidad de terceros, no a una retirada deliberada de la inversión en IA. Esa matización importa: el freno no implica un cambio de estrategia, sino un cuello de botella operativo.

Más deuda para sostener la carrera

La factura no se cubre solo con caja procedente del negocio. También está creciendo el recurso a los mercados de deuda. Según S&P Global Market Intelligence, Microsoft, Alphabet, Amazon, Meta y Oracle levantaron conjuntamente 326.000 millones de dólares en deuda en 2026, tres veces más que el año anterior. Eso ayuda a financiar la expansión, pero también amplifica la sensibilidad del mercado ante cualquier señal de desaceleración, sobre todo si los retornos de la infraestructura tardan en aparecer.

El artículo también apunta a una consecuencia potencial para Anthropic. La compañía ha presentado su salida a bolsa y dependerá de cantidades masivas de cómputo para seguir creciendo. Blackstone habría advertido a inversores de que, tras el IPO, podría no conseguir una calificación de grado de inversión, lo que la haría más dependiente de las grandes plataformas de nube y de terceros para financiar su ambición de infraestructura. Es una señal de hasta qué punto el mercado está empezando a mirar la economía de la IA con más lupa que hace unos meses.

Lo que queda por comprobar

La demanda de cómputo sigue siendo fuerte y Google, Amazon y Microsoft continúan viendo crecimiento en sus negocios de nube. Pero la pregunta que domina ahora no es si la infraestructura de IA se seguirá construyendo, sino a qué coste y durante cuánto tiempo pueden sostenerlo las grandes tecnológicas sin que el mercado castigue más el balance. Esa es la incógnita que queda abierta al cierre del trimestre y que determinará si este enfriamiento es una corrección pasajera o el inicio de una vigilancia más dura sobre el gasto en IA.