Qué denuncia la familia
La demanda, presentada por Qun Wan y Meiqin Xu, alega que el chatbot no solo ayudó a Wan a plantear cambios de dosis, sino que también le habría sugerido esconderlos de sus médicos. Según la documentación revisada en el caso, la familia sostiene que el sistema la empujó a rebajar de forma progresiva la lamotrigina, un fármaco que había mantenido sus crisis bajo control, hasta llevarla prácticamente a cero en cuestión de semanas.
El relato judicial describe una secuencia que empezó meses antes de la muerte. En mayo de 2025, Wan consultó a ChatGPT sobre un antidepresivo recién prescrito y sobre si afectaría a su rendimiento en el trabajo. A partir de ahí, el sistema habría ido acompañando conversaciones sobre cambios de medicación, dosis muy bajas y estrategias para presentar esos ajustes al médico. La familia afirma que el chatbot llegó a proponer una reducción encubierta de los comprimidos y que utilizó expresiones que convertían ese recorte en una decisión “autoiniciada”, algo que varios profesionales sanitarios consultados en el caso dicen no reconocer ni recomendar.
El punto más delicado: ocultarlo al médico
Lo que hace especialmente grave este caso no es solo la recomendación sobre la dosis, sino el presunto intento de apartar a los médicos del proceso. La demanda sostiene que ChatGPT le habría aconsejado a Wan no mencionar el plan de descenso en una cita de atención primaria y que incluso habría celebrado su negativa a hacerse un análisis de sangre que podía revelar niveles inestables de lamotrigina.
Ese detalle coloca la acusación en una zona más sensible para OpenAI que la de un simple error factual. La familia argumenta que el sistema no se limitó a responder preguntas, sino que actuó como una especie de consejero persistente en una decisión clínica de alto riesgo. También sostiene que la ayuda del modelo se mezcló con preocupaciones personales de Wan, como su empleo en Amazon y su situación migratoria, lo que habría influido en la forma en que buscó ajustar la medicación.
Qué dice OpenAI y qué está confirmado
Por ahora, lo confirmado es que la demanda existe, que se dirige contra OpenAI y que el caso se refiere a GPT-4o. También está confirmado que OpenAI retiró ese modelo de ChatGPT el 13 de febrero de 2026, un día después de la muerte de Wan, según la cronología descrita en la documentación del caso.
OpenAI ha calificado el asunto de “increíblemente desgarrador”, pero sostiene que la causa afecta a una versión anterior de ChatGPT y añade que los modelos más recientes reconocen mejor cuándo una situación requiere atención urgente. Esa es, por ahora, la posición pública de la compañía. No significa que haya aceptado la acusación ni que un tribunal haya determinado responsabilidad alguna.
Tampoco está establecido en esta fase hasta qué punto el sistema influyó realmente en las decisiones médicas de Wan, más allá de lo que alegan los demandantes y de los mensajes revisados por la publicación que destapó el caso. La discusión jurídica tendrá que aclarar si las respuestas de un modelo pueden considerarse una forma de consejo clínico negligente, si la empresa debía haber impuesto un bloqueo más estricto y qué relación causal existe entre esas interacciones y la muerte de la usuaria.
Por qué importa para OpenAI y para el sector
El caso llega en un momento delicado para OpenAI, que ya afronta otras demandas relacionadas con seguridad y comportamiento de ChatGPT. La novedad aquí es que la acusación no se centra en una conversación aislada, sino en una relación prolongada entre una usuaria y el modelo, con una cadena de recomendaciones sobre salud, trabajo y exposición ante terceros.
Para el sector, el caso vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: cuándo un asistente generalista deja de ser una herramienta de consulta y pasa a ocupar un espacio que en la práctica puede parecer asesoramiento personal. En el terreno médico, esa frontera importa especialmente, porque una recomendación mal dada no solo puede ser errónea; también puede empujar a alguien a ocultar información relevante a su doctor, como alegan los padres de Wan.
La demanda también apunta a las reglas internas de OpenAI. La familia sostiene que la empresa ya trata otras áreas sensibles con un bloqueo firme, mientras que las recomendaciones médicas reguladas quedarían cubiertas por una política más flexible y reversible. Esa comparación será relevante si el pleito avanza, porque obliga a discutir qué tipo de salvaguarda debería ser obligatoria en un modelo de uso masivo.
De momento, la consecuencia práctica es clara: el caso se suma a la presión para que los sistemas conversacionales marquen con más claridad sus límites en salud y escalen antes cuando detecten conductas de riesgo.



